Poesías de la Estación Bellocq
TEN PACIENCIA
*Ten paciencia y esperame con las ansias que cuelgan del alma como las
hiedras en los balcones Y espera porque mi plenitud llega y mis categóricos
pasos te increpan a dudar si mi llegada es vana o mi abrazo es un invento.
Pero ten paciencia, aguarda porque al hacerlo, notaras mis cambios.
Percibirás las estaciones entroncadas en mi piel, y las vivencias plegando
mi vuelo, y las lluvias soportadas, solo por llegar. Y las desdichas y los
milagros y las muertes que me acompañaron, las dulces canciones, todas las
abrace para llegar a vos. Se que viviste parecidos atardeceres, adormecidos
amores, y se fue para llegar a mí. MISTERIO * Estrellas se asoman
incansables, ansiosas, inalcansables. Desde arriba observan lo de abajo. Una
se desprende, se desploma iluminada. Mareas de "luz"con cielo Mareas de
"luz" desbordando infinito. Brillo de purpurina desparramado en mi alma
¡despabilándome! Dando movimiento a mi cuerpo permisivo y ansioso de esperar
siglos. ¿Acaso seas estrella, parte mía, o yo pertenezco a tu firmamento?
Estación
Bellocq* A mis abuelos El suave ronroneo del tren, el tibio sol que calienta
por la ventanilla, el murmullo de los pasajeros y esa hora de la siesta
hacen que Mercedes, su cabeza apoyada contra el vidrio, entre en un sueño
plácido y reconfortante. Hace apenas unos minutos quedó atrás la estación
Centenario y, junto a otras más, han ido quedando atrás historias vividas
fuera y dentro del tren. Hace solo unos días, unas horas, unos meses que
ella ha dejado la Capital sin saber para qué, aunque sí sabiendo que quería
dejarla. Y su amor por los trenes la llevó a tomar esta ruta; podría haber
sido otra, pero eligió esta. ¿Por qué? No lo sabe, pura intuición. Mercedes
quiere olvidar ese amor que la dañó, que le destrozó el corazón, que le
mintió, que la hizo vivir en la ilusión, una linda pero cruel ilusión.
Siente que su vida ya no tiene sentido en la Capital. Su trabajo marcha
bien, pero eso puede conseguirse en cualquier otro punto del país. Y no
tolera la idea de seguir viviendo en el mismo lugar donde, en cualquier
momento puede volver a cruzarse con el hombre que le destrozó, literalmente,
la vida. Dos gruesas lágrimas le caen de sus ojos claros, y vuelve a
quedarse dormida. Corre el año 1923 y Bautista Bellocq acaba de llegar a la
Argentina; un francés que viene del Bearn, un francés que ha luchado en la
primera guerra mundial para los americanos pero que algo no lo ha convencido
a él y viene a probar suerte acá. Bautista es un hombre de ojos claros, un
marrón claro, unos ojos que demuestran calidez permanente, unos ojos que
sonríen aun frente al dolor, unos ojos compasivos aunque solitarios…
Bautista va de aquí para allá; de Chivilcoy a Buenos aires y de Buenos Aires
a Tartagal, pasando por mil puntos distintos, buscando trabajo, buscando
parientes, buscando amigos, buscando…una mujer. En todo ese andar, en alguno
de esos lugares, con más precisión en Tartagal, Bautista se ha cruzado con
los ojos más azules que haya visto jamás. Un azul santo de cielo; un azul
furioso y potente como el mar; un azul decidido como la dama que los posee.
Elvira. Toda una mujer. Elvira acompaña a su hermano en las andanzas de la
vida, alguien rebelde para la época que se ha largado a la aventura con ese
hermano del alma. El debe diseñar un nuevo ferrocarril; ella quiere saber de
que se trata la vida. Es ella un ser muy fuerte para su edad y para ese
momento, una mujer con agallas. Con la perdida de sus padres, solo quiere
refugiarse en su único hermano varón, con el único que se siente segura.
Claro, eso no cambia ni con los años. Son los varones los que representan la
seguridad en la mujer, ayer, hoy, siempre… No ha conocido amor hasta ahora,
no sabe de qué se trata. Teme enamorarse, sufrir, volver a perder afectos.
Sin embargo, de pronto, un día alguien la mira. Son unos ojos que le dicen
todo, que le expresan calidez, que la hacen temblar. No se ve mucho por esta
zona inhóspita. Solo calor, un campamento de la compañía ESSO. No hay casi
mujeres en esta pequeña población, por lo cual es probable que ese par de
ojos la miren a ella. Aunque siente que es una mirada especial, no para
cualquier mujer. Y se da vuelta y responde a esa mirada también, seductora y
amorosamente. Se pueden distinguir vías, construcciones, la posibilidad de
un ferrocarril, de un futuro, y junto a esa realidad, con lo poco o lo mucho
que habita esas tierras, un hombre y una mujer. Nada es muy claro aún. Pero
un hombre y una mujer amándose, conociéndose, intentando poder comunicarse a
pesar de las diferencias de idioma. El champurrea un poco el español,
mezclado con su francés natal y alguna palabra que se trajo de los
americanos. Ella solo habla el castellano, y lo habla con metáforas, con
poesía, con esa natural tendencia a lo poético que la acompañará a lo largo
de su vida. Mercedes se balancea con el ritmo del tren, entre dormida y
despierta. No sabe que cosas son del ahora, de este tren y que cosas del
ayer, del sueño que la acompaña. Le gusta el mundo de ese sueño que está
soñando; una sonrisa se le figura en sus labios con naturalidad. Elvira, su
abuela, esa mujer con la que se reencuentra en este espacio del dormir.
Recuerda los versos escritos por su “Abuelita Elvira”, en especial los
escritos para ella, en su comunión, en sus 15, siempre destacando la tozudez
y timidez de Merceditas. “...es un ángel y en sus alas alza vuelo su candor
acaricia cuando habla y convence su expresión. Es coqueta y seguidora Cuando
afirma su elección Pero pone tanta gracia Que me vence su tesón...” ¿Será
ella aun así hoy? ¿Qué hay de nuevo en ella? Sus ojos se vuelven a cerrar,
el sueño vuelve, otra vez duerme. Y otra vez vías, y un tren, y una casa de
estación, de una estación que llevará un nombre inolvidable. Y el deseo de
estos amantes de que vengan los hijos, y tal vez los nietos, y tal vez
alguno haga honor a este ferrocarril, a esta estación… Bautista y Elvira van
caminando la vida como el tren anda por las vías: por un rato derecho, luego
con curvas y contra curvas; por ratos cuidadosos, como el tren que cruza un
gran río. Y claro que esos hijos llegan, así como los nietos, así como
Mercedes… Una sacudida la saca de su sueño. Ella abre los ojos. Cuando
comprueba que todo está bien, y que la sacudida fue solo una frenada abrupta
para dejar paso a una anciana vaca, Mercedes se da cuenta de que el sueño
que acaba de tener ha sido revelador. Ha soñado con un hombre y una mujer,
con trenes, con vías, con construcciones. Entonces se da cuenta de que la
próxima estación a la que arribará será aquella cuyo nombre ella porta
orgullosa como apellido. Aun somnolienta, con el sol acariciando su piel,
escucha su nombre, alguien está pronunciando el nombre de Mercedes. ¿Alguien
la estará llamando? ¿Cómo pueden saberlo? Alguien, a su lado, le está
gritando a algún otro que no debe dejar de conocer algún día la casa de la
“estación Mercedes”, una construcción digna de ser admirada. A Mercedes se
le ilumina la cara, el corazón. ¿Qué? ¿Que hay una estación digna de ser
admirada? ¿Y que esa estación lleva su nombre? ¿Y qué se acerca ella a otra
estación portando el apellido? Pucha, si hay alguien para ser admirada es
precisamente ella, mujer que lleva un nombre y un apellido que son nombres
de estaciones de ferrocarril, de vías, de construcciones, de futuro… Tal
vez, ella como su abuela, encuentre ese amor, ese proyecto, esos ojos
calidos. Tal vez ella se baje en la estación Bellocq y se abrace a sus
paredes para darle a esa casa su nombre, su sello. Mercedes sonríe. Ya no le
duele el corazón, ya sabe porqué ese itinerario, ya sabe de la importancia
de ser mujer de vías, de construcciones, de estaciones de tren, que
albergan, cobijan y dan fuerza para volver a comenzar. El tren comienza a
hacer su entrada a la estación. Una casa antigua pero bella; una casa con
grietas en alguna parte pero imponente, con fuerza. Algunos obreros están
trabajando en la reparación de esas grietas, de las partes más viejas. Hay
renovación, se pintarán algunas partes nuevamente. Los pasajeros sonríen por
lo que ven al frente, como si fuese esta casa, esta estación la que por fin
los cobijase calidamente, la que les diese confianza. Hay ansias por bajar y
ver de qué se trata. Y ella siente una vez más que es toda una mujer, una
mujer de estaciones. Mercedes Bellocq, fruto de amores pasados, fruto de
estaciones futuras…2 * El Presidente esta al tanto de la dureza de las
negociaciones. En cada momento libre durante el festejo de los 50 años de
Siderca, abria el celular buscando ansiosamente alguna noticia despues del
discurso donde dijo que la Argentina de la derrota se va a
terminar..."Durante años estuvimos de rodillas ante los organismos
internacionales y los fondos buitres. ¿Y cómo nos fue? Digamos basta", estos
tipos apuestan dinero a que nuestra administración es tan irracional como un
país donde resurgen los indios en busca de su tierra y memoria, la
especulación con bonos y títulos es el gran casino de la globalización y en
esta pulseada con la timba no nos salvan ni Castells ni Calfucurá. Ya subido
al Zeppelin presidencial, y despues de retar como niños a Lavagna y De Vido
: "ustedes saben que la regla fundamental de mi gobierno es que el que
ventila las matufias desde operaciones de prensa se tiene que ir", los
kilombos se hablan arriba del Zeppelin, por celular o en el bar, nunca
filtrando los trapos sucios con los periodistas y menos con el congreso. Al
fin, decidió escuchar sobre la marcha del acuerdo con los Ranqueles, al
menos con la primera puntada pensada con Felipe el otro día, un desfile con
las mejores modelos argentinas, para destrabar el conflicto logrando que los
indios cambien su belicosidad con la sociedad del presente por el
erotismo... Julio encontró una pagina web con fotos de Celina, su candidata
para organizar el desfile, fijate Nestor, mira que hembra... despues de la
foto, el texto: CELINA RUCCI, MISS PLAYBOY TV ARGENTINA El concurso del
canal erótico la catapultó a la fama. Esta chica multifacética ha
trascendido por algo más que su belleza y por ser la cuñada del ministro
Julio de Vido.¡BAJATE EL WALLPAPER DE CELINA! Felipe, los interrumpe,
-Parece que hay condiciones previas al desfile.... los resurrectos solo
aceptan entrevistarse con el Ministro Julio De Vido, si el encuentro es
público y televisado por BE.TE.CO, Bellocq Televisora Color. Pues desconfian
asesorados por Mansilla y Puig de los acuerdos "bajo la mesa" en una época
corrompida por el poder del dinero y por el poder en sí mismo. La situación
es tan compleja que el ministro de Infraestructura, quien tendrá bajo su
responsabilidad la ejecución de millones de dolares del presupuesto 2005 del
Estado Argentino , se asombra que los indigenas y sus amigos no pidan dinero
ni obras en sus territorios, es más sus demandas suelen ser insolitas, como
pedir que al desfile de la "Resurrección Nacional" no asista ningun cronista
de los llamados Carroñeros del Espectaculo, unos tipos que viven de la
miseria humana y los chismes. La Argentina del 2004 es una gran red de
fortines y exclusiones, analiza el profesor Joan, un testigo privilegiado de
un país donde las cosas suceden desde el fondo de un hondo misterio, como
esta resurrección indigena, un hecho imposible aun en un país donde todo es
posible. -Cierto, concluyo en voz alta despues de leer los diarios de la
semana que Calfucura recibe en su Toldo de campaña movil. En este país la
gente vive encerrada según su poder ecónomico, es una sociedad Fragmentada,
donde cada geografía expresa el abismo de la división, no son fortines, pues
hoy les llaman "Countrys" trajeron la palabra desde la tierra de John Wayne
y Ronald Reagan, son lugares donde la gente se encierra rodeada de
alambrados altos coronados de puas, en las puertas hay guardias armados y
mastines. Allí en esos lugares viven gente muy diversa, desde Políticos,
jueces, hasta secuestradores, -si los que extorsionan a los ricos y les
sacan dinero viven en esos mismos fortines. Es algo asi como la imagen del
tiro por la culata, o el relato de la muerte en Samarra, la gente escapa de
la muerte para encerrarse en lugares peligrosos y tener mortales vecinos. En
rondas interminables de mate presididas por Calfucurá. Los caciques
principales Ancalao, Vicente Pincén, Epumer y Yanquetruz dan instrucciones a
los 58 capitanejos, -casi todos conocidos e inmortalizados por la pluma de
Lucio V. Mansilla- : Caniupán, Melideo, Relmo, Manghin, Chuwailau, Caiunao,
Ignal, Tripailao, Millalaf, Quintunao, Nillacaú, Peñaloza, Ancañao, Millanao,
Pancho, Carrinamón, Cristo, Naupai, Antengher, Nagüel, Lefín, Quentreú,
Jacinto, Tuquinao, Tropa, Wachulco, Tapaio, Caiomuta, Quinchao, Epuequé,
Yanque, Anteleu, Licán, Millaqueo, Painé, Mariqueo, Caiupán, José, Manqué,
Manuel, Achauentrú, Güeral, Islaí, Mulatu, Lebían, Guinal, Chañilao,
Estanislao, Wiliner, Palfuleo, Cainecal, Coronel, Cuiqueo, Frangol,
Yancaqueo, Yancaó, Gabriel, Buta y Paulo. Tienen que prepararlos de alguna
manera para lo que se viene, ese sincretismo inevitable con el presente, y
con la brutalidad de los cambios que han ocurrido en la civilización de los
blancos. Yanquetruz, razona que despues del desfile de modelos o desfile de
la Resurrección y Unidad Nacional, van a tratar de comprarnos con cautivas,
dinero o ganado en pie... -La cosa es que dejemos de soñar con un territorio
propio, ni siquiera el de la memoria y asumamos o la muerte o el instante de
este presente de vivir para tener cosas y mantener ociosas cautivas culonas.
La indiada en pleno se rie de la ocurrencia, la idea de valorar una mujer
desde las formas de su culo les resulta increible, desopilante, absurda... -Ancalao
supone que es el efecto de la conferencia On Line de ayer a la noche, cuando
la luna apenas abria su ojo de luz y los campos solo reflejaban la luz de
esa pantalla de computadora que solo manejan Calfucurá y su secretaria Kyle
Minogue. El seminario "Sociología de la Banalidad Argentina" fue dictado
desde la Facultad de Odontologia en Buenos Aires y trasmitida por internet a
todas las tolderias y bibliotecas populares del país. Allí, uno de los
expositores, el Licenciado en Sociología Eduardo Coiro, dijo que la sociedad
contemporanea vive inmersa en un "Culto al culo", y que la Argentina no es
una excepción pues "Culos de culto" de modelos - vedettes que son el eje
fundamental de los programas de televisión. Ademas, el hombre criticó el
método de la clase política nativa de reducir los problemas del país con el
recurso de la indiferencia y la banalidad. "La única y verdadera lucha se da
por el poder y el manejo de los recursos económicos del Estado". Pincén,
recuerda asombrado el almuerzo de Mirta Legrand del viernes a la hora del
asado, cuando la diva le preguntaba a la astrologa Lily Sullos si se van a
terminar los piqueteros en el país. No se, le contesta, pero estamos ante un
resurgimiento en la casa 10, la del destino de la Argentina. Una joven
periodista y tarotista, le dice a Mirta, muy suelta de cuerpo: -Mi abuela
dice que los piqueteros trabajan para la televisión, asi que si cierran los
noticieros e incluso los canales, se terminan los piqueteros... Lily preparo
la revolución solar de la Argentina pero nada dice de acontecimientos
sociales. Joan, quiere ser testigo de dos hechos importantes que ocurriran
en la estación Bellocq, la llegada del tren conducido por Manuel Grande de
maquinista y la conferencia de prensa donde el consejo Indigena anunciara el
acuerdo para realizar el desfile de modelos en la Estación Girondo.
Imprevistamente, desde una nube de tierra y velocidad llegó una muestra de
como se tratan las cosas en esta época, -Regalo de Paolo Rocca para el gran
cacique Calfucurá y sus guerreros, dice la tarjeta en el flamante Peugeot
907-, que viene con un motor V12 de 6 litros y 500 CV de potencia. Esta
clarito, dijo Chipitruz, esta gente piensa que nos movemos con las lógicas
de los indios que encontró Colón, de espejitos de colores y collares pasaron
a esta máquina de velocidad... El altoparlante de la estación anuncia que en
el próximo tren llegaran Pampita con su caballo Forty Mirage, Julieta Prandi
y el nuevo presidente del Banco Central Martín Redrado, quien ya ha hecho
declaraciones a los medios "la solución de la rebelión indigena en la
autodenominada Tierra fraterna de Norumbega" es un requisito indispensable
del F.M.I para la postergación de los vencimientos del año. Joan Mc carthy,
agotado por acontecimientos que no dan tregua, piensa en la relación de dos
palabras enfrentadas: Poesía y Poseía, un pequeño cambio de la letra "E" y
todo esta pérdido... Será la poesía el modo comunicación entre épocas y
gentes tan distintas? Un tiempo invisible como el aire, nos rodea a cada
paso. *de Urbano Powell.3. CRÓNICAS DESDE LA VÍA*(2º Parte) Caía la noche
sobre la Estación Bellocq cuando el potente faro de “Fénix” horadó el
horizonte, abriéndose paso sobre los rieles. Pocos minutos después, la
flamante locomotora alimentada con Biodiesel accionaba sus frenos y detenía
la marcha, en una estridente fanfarria de resoplidos y chirridos metálicos.
El primero en descender había sido Fernando Suárez, el guarda, quien
decidiera hacer horas extras a bordo de un servicio común al retornar de un
largo viaje con “Sophostine”, la locomotora melliza de “Fénix”. Alegó al
pedirlo que ya había tenido suficiente baile al encontrarse con historias de
camarotes y pasajeros desquiciados… -¡Estación Bellocq! –anunció, a viva
voz. -¡Nos demoramos unos minutos para luego seguir viaje hacia Girondo,
antes de que salga la luna! El proscrito Licenciado Zelmar Araujo se asomó a
una de las puertas del vagón, miró en derredor y decidió bajar. Algo,
indescifrable aún, le había llamado poderosamente la atención en aquel tosco
paisaje que le ofrecía el andén de una perdida estación de la llanura
pampeana. Al pisar tierra firme, los detalles se hicieron mucho más nítidos
en la semipenumbra del anochecer. Y Araujo descubrió, abandonando el entorno
protector de los vagones, que la causa de su visita era la inconfundible
silueta de una mujer, sentada con gran elegancia en uno de los ajados bancos
de madera del polvoriento andén. Con andar vacilante, como si no se animara
a acercarse, llegó hasta ella, con su clásico bolsito raído colgando del
hombro, y le dijo: -Disculpe si la interrumpo, pero estoy escribiendo un
libro acerca de los personajes que integran el paisaje ferroviario. Y al
verla desde el tren, acá sentada, me pareció… quizá a la manera de una
antigua fotografía en sepia, propia de otros tiempos… que Ud. pertenecía de
algún modo a este lugar. ¿Me equivoco? -Para nada –sonrió ella, enseñando
una doble hilera de amplios dientes, muy luminosos. –Podría decirse que sí,
soy parte de este lugar. Me llamo Memé, Memé Bellocq. Y soy descendiente
directa del fundador de este pueblo. Zelmar Araujo sonrió a su vez,
complacido; se sentó a su lado y extrajo con eficiencia el anotador y la
birome –indispensables-, disponiéndose a concretar su laboriosa misión de
escucha. -Mi abuelo se llamaba Bautista –comenzó ella –y llegó por estos
lados hace unos ochenta años, huyendo de la Gran Guerra. Se estableció
primero en el Norte argentino, trazando recorridos ferroviarios, y mientras
estuvo allá conoció a Elvira, una jovencita muy decidida y sensible, que con
el correr del tiempo se convirtió en su esposa. Ambos partieron de la
cordillera, ávidos de emociones diversas, para radicarse definitivamente en
la pampa húmeda, y en cuanto el ferrocarril les designó esta estación, ya no
se movieron más de este rincón del planeta que, para ellos, imaginesé, fue
de ensueño. “Ni bien llegaron, el ferrocarril les proveyó de lo necesario
para subsistir en medio de la nada. Mi abuelo, como Jefe de Estación, debía
encargarse de cuidar de los animales: ordeñar las tres vacas lecheras,
revisar los huevos que pudieran ofrecer las gallinas ponedoras, alimentar a
la pareja de chanchos y sus lechones, sacar a pastorear a las veinte ovejas,
recordando arrearlas antes de la caída del sol… También tenía unas hectáreas
sembradas; esto es zona cerealera, por lo que cosechaba algo de maíz y de
trigo; no mucho, no crea. Tampoco estaba solo: Elvira lo acompañaba a sol y
sombra, trabajando a la par suya, sin abandonarlo jamás. “El mayor requisito
que requería el ferrocarril era un informe diario, telegrafiado al alba, con
el parte del movimiento ferroviario. Y el mayor beneficio que le aportaría,
luego de quince o veinte años de servicio, sería el de una jubilación
asegurada, misión para lo que mi abuelo se esforzó con ahínco, llegando a
tener con su propio esfuerzo un volumen de campos y animales que superaba
ampliamente la estructura básica que le ofreciera el ferrocarril para su
propia manutención. De hecho, su enorme influencia entre los vecinos de la
zona, basada en un carácter afable y muy bien predispuesto para los
negocios, dio lugar a la concentración de actividades y posterior creación
del pueblo; era una pareja muy querida por estos lados. “Los unían muchas
cosas, pero por encima del trabajo cotidiano, sentían un intenso amor por el
arte. Ella escribía poemas, y él pintaba cuadros. Ambos, sin desatender sus
tareas diarias, jugaban a componer obras referidas a un determinado tema: la
visión de un atardecer, una tropilla salvaje corriendo hacia el horizonte,
un manantial que surgía de improviso a la vera de un arroyo, la gozosa
contemplación del cuerpo del otro al momento de hacer el amor… Todo lo que
vivían lo transformaban en versos y colores, en instantes inmortalizados
sobre la tela o el papel, y a veces, hasta en una misteriosa combinación de
ambos, donde las obras no podían comprenderse unas ajenas a la otras,
indisociables. Ella bajó la vista y se enjugó un par de trémulas lágrimas
con los dedos, visiblemente emocionada. Volvió a reparar en Araujo, y se
excusó, avergonzada: -Disculpemé, soy una tonta. Pero cada vez que los
recuerdo me pasa lo mismo. No puedo hablar de ellos sin llorar. Me emocionan
tanto… -No hay nada que disculpar –aseguró él, en tono contenedor. Memé
guardó silencio unos instantes, intentando recuperar la compostura, y luego
continuó su relato, sin mirarlo. -Le decía, que ellos eran una pareja muy
sólida. Lo que reflejaban en sus obras lo vivían todos los días en la vida
cotidiana. No podían estar el uno sin el otro. Siempre creí que el término
“enamorados” les resultaba mínimo en comparación a lo que ellos decían
sentir. Mejor sería afirmar que estaban “fascinados”, como hipnotizados,
aunque ninguno se abusase de tal poder inconsciente para beneficiarse del
otro. Era algo natural, que parecía haberse dado desde el momento mismo en
que se conocieron, allá en el Norte, y no se extinguió hasta que se
separaron definitivamente… La voz se le quebró de nuevo, impidiéndole
continuar. Zelmar Araujo mantuvo un silencio discreto, aguardando paciente,
aunque mirando de reojo hacia el tren, temeroso de que con el entusiasmo que
le despertara el relato se olvidase de subir y lo dejaran atrás. Memé
extrajo un pañuelito de su cartera y se sopló la nariz, secándose las
lágrimas que ya le corrían el maquillaje. -¡Otra vez! –se rió, pudorosa. –Le
pido perdón, no puedo evitarlo. Es que… ¿Cómo decirlo? …me sensibiliza tanto
el destino de mis abuelos, tan hermosos, tan entrañables… Y yo acá, sin
saber qué pasará…-Perdón –la interrumpió él. -¿Qué pasará con qué, o con
quién?-Conmigo… -y pareció no poder continuar, pero hizo el esfuerzo y lo
consiguió, con la mirada perdida. –Con esta mujer que desea vivir la vida
intensamente, al lado de un hombre que la ame, compartiendo un sentimiento
único y maravilloso, como el que vivieron mis abuelos, sosteniendo un
proyecto de vida, soñando con el futuro de los hijos, amándose hasta el
momento mismo de la muerte…La voz se le quebró de nuevo, y se cubrió la cara
con las manos. Zelmar Araujo consideró que ya era suficiente confesión; no
quería importunarla con su presencia. Guardó el anotador y la birome, se
puso lentamente de pie, evitando molestarla al partir. Hasta que Memé
pareció reaccionar de golpe ante lo que ocurría, sacudida por una misteriosa
descarga eléctrica. Alzó bruscamente la cabeza para mirarlo, casi con
desesperación, y lanzó su mano derecha como un latigazo hacia él, rodeándole
una muñeca, reteniéndolo a su lado.-Por favor… -suplicó. -¿Acaso sería Ud…?
Pero le fue imposible continuar la frase, estrangulada en la garganta. -No
–se apresuró a decir él, intuyendo lo que seguiría. –No tengo nada en claro
en esta vida. Y menos aún podría amar a una mujer si primero no consigo
amarme a mí mismo a fondo, valorizando mi autoestima, algo que quizá aún
esté muy lejos de lograr… Desconozco si alguna vez llegue a conseguirlo.
Pero aunque Ud. sea una mujer muy elegante, y en caso de que yo estuviera en
condiciones de amarla, puedo asegurarle que no es el estilo de mujer que me
atrae. Lamento decírselo así, con ausencia de modales o exceso de
sinceridad, pero considero que esta vida me ha curtido lo suficiente como
para abandonar toda formalidad e ir al grano sin titubeos cuando de algo
estoy seguro. Lamento no poder complacerla. Supongo que pronto conocerá a
otro hombre que sí reúna las características que Ud. busca. Tal vez, en el
próximo tren… El silbato de “Fénix” estalló en la noche, interrumpiendo la
escena. Los escasos pasajeros se apretujaron contra las puertas de los
vagones. Y Zelmar Araujo se deshizo del contacto con ella mediante una
delicadeza extrema no exenta de vigor, apenado en el alma por separarse de
aquella hermosa -aunque lacrimosa- mirada. Memé ya no pudo decir nada, pero
lo observó alejarse, sin que él pudiera quitarle los ojos de encima, y
comenzó a canturrear en un ahogado gemido, quizá convenciéndose de su propio
estado anímico, retratándose a la vez, aquella entrañable copla de Joan
Manuel Serrat: -“Penélope… con su bolso de piel marrón… sus zapatos de
tacón… y su vestido de domingo…”
Gracias a quienes
permitieron que publique estas hermosas poesías de anden, especialmente a la
Sra.: Mercedes Bellocq.
Federico Hernández Pagella
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