No hubo prácticamente testimonios
exactos sobre el accidente que le costó la vida al Toro Mouras.
Las versiones coinciden, todas, en que
el reventón de la rueda delantera, izquierda lo sacó de la pista a 240
kilómetros, para pegar un mortal latigazo contra un talud de tierra, y luego
hacer varios trompos hasta detenerse. En el golpe perdió la puerta, el piso
se elevó y la jaula que por lo general salva la vida de los tripulantes del
auto, puede haber sido la causal de una lesión mortal en las vértebras
cervicales y otras de carácter interno.
Cuando llegan las primeras personas al
auto, Mouras estaba con un hilo de vida, que antes de que pudiera ser
extraído, se cortó.
El acompañante Amadeo "huevo" Gonzáles,
uno de los mecánicos del taller de Jorge Pedersoli, recibió gravísimas
lesiones, siendo atendido primeramente en Lobos y luego en La Plata. Su
estado era desesperante, lo que provoco su fallecimiento momentos después.
Esa butaca, la del acompañante, fue
ocupada en repetidas oportunidades por varios casarenses como Hugo Roldán,
Germán Dandlen, Alegrandra Doucet y Karina Cartasso, entre otros.
Lo acompañó
todo el pueblo
La iglesia fue pequeña para
albergar a todos los que hubieran querido estar allí para escuchar
la misa de cuerpo presente oficiada por el padre Antonio Martinez,
ayudado por el padre José Prieto y el Padre Horacio Herrera. Con
profundas palabras que llegaron a lo más hondo de cada uno y con un
silencio cortado por los llantos, el Pardre Martínez trazó una
semblanza de Roberto Mouras y oró por su alma, pidiendo a su señora
madre y a sus demás familiares cristiana ceremonia.
Ninguno de los presentes lograba contener el llanto. Eran los mismos
que en tantas oportunidades habían esperado el paso de las caravanas
de autos encabezadas por la autobomba de los Bomberos, que lo
paseaba triunfante por las calles de la ciudad luego de cada carrera
ganada. Y ahora era otro, y mucho mas cruel el motivo de esa
caravana. Era él quien la encabezada, pero no hacia los brazos de su
madre como ocurría en cada oportunidad, sino hacia un destino de
inmortalidad que lo arranca de este mundo, dejando un vació
imposible de llenar. pero igual lo aplaudían, los aplaudían sin
cesar. Ganó su última carrera y dejó este mundo. La llegada al
cementerio fue un tanto dificultosa por las miles de personas que
acompañaron el féretro...