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20 mil voluntades
con los dientes apretados de angustia, no pudieron torcer el
destino. Todo un pueblo mirando o escuchando la carrera del domingo
en Lobos, rogaba que tras el terrible accidente que sufriera Roberto
Mouras, no se produjera la fatal noticia. A Gonzales Rouco le costó
una eternidad el poder decirla. Primero dijo que el médico
había manifestado que el accidente era mas que grave, gravísimo, que
le suministró oxígeno... pero que Mouras no respondió, hasta que
finalmente con la voz entrecortada por la emoción, pronunció
la palabra Muerte. y no había más nada que decir. Mientras eso
ocurría, las cámaras de televisión, desde un helicóptero, seguían a
la ambulancia que transportaba el cuerpo del tricampeon del TC habia
el hospital de Lobos. La ambulancia iba despacio, sin las
luces, ni la sierna. No tenia porqué apurarse ni solicitar paso. En
su interior iba un cadáver de nuestro querido Roberto Mouras.20 mil
corazones en Carlos Casares se estrujaron de dolor. Muchos más
en todo el país, porque Roberto Mouras era un ídolo nacional. Pero
aquí ese dolor se hizo insoportable. Viendo esas tristes
imágenes y recibiendo la trágica noticia, no pudimos evitar
llorar con desesperación, pero también con incredulidad,
porque Mouras era para Casares un símbolo, un ídolo que más allá de
su personalidad simple, de su manifiesta timidez ,era para nosotros
INMORTAL, un punto de referencia para identificarnos y que nos
identifiquen. UN GRANDE DEL QUE NOS SENTÍAMOS ORGULLOSOS CON
SOLO NOMBRARLO. Casares?...el pueblo de Mouras...¿No lo conoces?Por
eso nos parecía que nada tenía sentido, que aun no lo tienen porque
esas 20 mil personas que fueron a verlo, quería verlo, pero mas que
eso no querían convencerse que había muerto. Cada uno a su
manera le dejó el testimonio de su amor y su admiración. Formando
una solemne fila pasaban junto a su féretro y lo besaban algunos, lo
tocaban otros, se persignaban muchos y todos lo lloraban con
amargura. una interminable caravana de dolor que se prolongó durante
todo el velatorio, llevado acabo en el Salón Blanco Municipal, fruto
de una sabia decisión de las autoridades.Su lugar era ese, la Casa
del Pueblo, y hasta allí llegó el pueblo para darle su último
adiós.Los domingos ya nunca serán iguales...los casarenses no
tendremos mas esa cita de honor con la radio y la televisión desde
muy temprano, para escuchar o ver las carreras del TC, en las que
participaba Mouras....Miles y miles de personas se reunieron
en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen y se agolpó a su vez en las
afuera de la misma, para formar luego un acompañamiento
fúnebre como jamás se vió en Carlos Casares...
Carlos
Casares, Martes 24 de Noviembre de 1992, Diario "El Oeste"
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