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María G. De Bosch
María G.
de Bosch
No ha habido maestra más inteligentemente querida por sus alumnos que la Señora de Bosch. Y Digo inteligentemente querida, por que si a un alumno de la “señorita María” , se le preguntaba porque la quería, respondía : por que enseña bien. Y ese cariño era merecido.
Entrar al grado de la Señorita María, era entrar en horas de ciencias, a un laboratorio, tal su amor a la enseñanza y su habilidad para proveer a sus alumnos de ilustraciones.
Nada de niños en posición homogénea, ni de rostros rígidos. Niños parados para ver mejor, o rodeando a la maestra, pero todos atentos a la lección.
María dirigía, inducía a sus alumnos, pero ellos se daban la clase.
Por eso también, no se oían gritos de enojo, ni tenía jamás niños malos. Se jubiló sin ascenso, perdiendo los maestros una directora que sabía mucho más que ellos.
Una gran maestra, a quien los padres que tuvieron la suerte de confiarles sus hijos, no fueron engañados jamás.
Supo cumplir con su deber y fue una maestra de verdad.
(Materia extraído de “Carlos Casares en el XXV Aniversario de su
Autonomía”)
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