Mónica Benfenatti
Acá va un poco de mi historia personal.
Yo viví en Casares hasta los 20 años en que me fui con mi hermana a estudiar a La Plata, en 1980.
Como le sucede a mucha gente, aún antes de recibirme ya estaba con un trabajo estable en lo que hoy día es mi profesión: soy traductora intérprete de inglés.
Evidentemente ese fue uno de los motivos importantes para quedarme donde estaba: la salida laboral para mi profesión era no existente en Casares en ese momento.
Yo dictaba cursos de pre y post grado en algunas universidades de La Plata (Ciencias Exactas, Agronomía, Bioquímica), y en una de ellas, para el fin de año de 1990 uno de mis alumnos me invitó a conocer su país, Colombia. Me vine un mes de vacaciones y a la semana de llegar me presentaron al que hoy es mi marido. Así que tal como estaban dadas las cosas, el 14 de julio del 91 me vine definitivamente para aquí y me casé el 3 de agosto. Hoy tengo un hijo hermoso de 11 años que se llama Gonzalo. Mi esposo se llama Javier y es abogado constitucionalista y escritor. Yo ya no dicto clases en las universidades (algo que hice aquí hasta que nació mi hijo) sino que ahora ejerzo la profesión de manera independiente, ya sea desde mi casa o desde mi oficina. Trabajo para empresas grandes como la Federaciópn Nacional de Cafeteros de Colombia y eso me da mucha libertad en cuanto a disponibilidad de tiempo.
Mi familia sigue viviendo toda en Argentina, así que yo viajo un año y ellos el otro. Mi mamá sigue viviendo en Casares y mi papá falleció en octubre del año pasado. Eso quiere decir que cuando viajo reparto mi tiempo entre Casares, donde está mi mamá y mis amigas y amigos, Pergamino, donde vive mi hermana desde que se casó y La Plata donde tengo también amigos muy queridos.
¿Qué recuerdo de Casares? Mis años de secundaria, que sin duda alguna y con la retrospectiva del tiempo, fueron de los mejores; los asados con los amigos y las salidas a bailar los fines de semana. Ir a la pileta en verano y a las carreras de autos y motos. También me gustaba mucho ir al Aero Club a volar, eso me fascinaba.
Hace 13 años que resido en Bogotá.
Va un beso,
Mónica